¿En qué basamos nuestra percepción de la realidad? por Maru Orozco

Todos, o al menos la mayoría, hemos escuchado la cita del famoso poema de Campoamor:

En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira

todo es según el color

del cristal con que se mira.”

Cada uno de nosotros puede ver el mundo a través de un cristal de diferente color, es verdad; pero ese cristal, aparentemente tan personal, ¿es realmente nuestro? ¿Cuestionamos el mundo desde nuestra propia experiencia?  

¿Cuál es nuestra propia experiencia?

Si perteneces a mi generación, fuimos educados para aceptar lo que los ‘expertos’ consideran verdad, a no cuestionar a nuestros mayores, a obedecer.  ¿Cómo podríamos cuestionar las consideraciones de personas reconocidas en su medio, de nuestros padres y maestros?

Pero, ¿y si ellos hubieran descartado de antemano cierta evidencia que contradice o cuestiona lo que se toma colectivamente por verdad porque no encaja con esa verdad, con su limitada interpretación de lo que sucede a nuestro alrededor?

En días pasados encontré cierto escrito por un matemático italiano de la época de la Segunda Guerra Mundial que me abrió los ojos a una verdad a medias que acepté sin chistar en mis años de educación formal y que, según continué leyendo, tiene repercusiones importantes sobre la manera en que concebimos la realidad en áreas lejanas a las matemáticas y la física como la psicología y la economía.  Es como si me hubieran contado sólo la mitad de la historia, si sólo me hubieran dado la mitad de una ecuación matemática, y hubieran descartado, porque no es práctica, la otra mitad de la realidad.

Empezaré por esbozar lo que este matemático italiano, Luigi Fantappiè, descubrió en sus estudios sobre las soluciones a las ecuaciones que combinan la mecánica cuántica con la relatividad especial. Sin entrar en mucho detalle, y haciendo referencia al hecho de que una raíz cuadrada tiene dos resultados, el mismo valor pero uno con signo positivo y otro con signo negativo, Fantappiè encontró que los resultados con signo positivo a las ecuaciones mencionadas describen energía y materia que divergen de causas en el pasado y están gobernadas por la ley de la entropía, esto es, la tendencia hacia la disipación de la energía, el caos, la desorganización y la muerte.  En cambio, las soluciones a estas ecuaciones con signo negativo describen materia y energía que divergen hacia atrás en el tiempo de causas localizadas en el futuro, y gobernadas por una ley simétrica a la ley de la entropía cuya tendencia es hacia la concentración de energía, el orden, la organización y la vida. Fantappiè denominó esta ley con el nombre de sintropía. (Di Copro, 2013)

Él estaba consciente que su ley sintrópica cuestionaba lo que se tenía por cierto en aquellos años, cuando la Segunda Ley de la Termodinámica se consideraba inamovible.  Ahora, yo no soy una experta en el tema, ni mucho menos, pero lo que me cautivó fue el porqué los grandes físicos y matemáticos que dedicaron su vida y su genio a estos temas hubieran ignorado el resultado con signo negativo de sus ecuaciones. Simplemente, los resultados con signo negativo sugerían una realidad que no se ajustaba a lo que podían percibir.  La ley causa-efecto, la direccionalidad única del tiempo, esto es del pasado al futuro, eran obvias para todos. ¿Porqué molestarse con algo que no podía constatarse con los sentidos y la experiencia personal? No resultaba práctico trabajar con el resultado negativo. No los llevaría a una explicación lógica del funcionamiento de la materia y la energía.

No sé si sea evidente para el lector que descartar un resultado porque no se ajusta a lo que espero encontrar es un error fatal, y a la vez, muy común en la ciencia.  Sin ir más lejos, Einstein agregó la constante cosmológica en su teoría de la relatividad general porque sus cálculos originales sugerían que el universo se estaba expandiendo, y eso era algo inconcebible en ese momento.  Fue hasta que Hubble descubrió que las galaxias fuera del Grupo Local se estaban alejando unas de otras que Einstein rectificó su teoría y eliminó la constante. Si una persona de la talla de Einstein se dejó llevar por sus suposiciones sobre cómo funcionaba el universo, ¿qué podemos esperar nosotros, humildes mortales?

En el caso que aquí describo, cuestionar la ley de causa-efecto y la unidireccionalidad del tiempo, así como la Segunda Ley de la Termodinámica puede asustar a cualquiera.  Entonces seguí investigando. Encontré, entre otras cosas, que ahora la retrocausalidad, es decir, situar la causa de algo en el futuro, es un tema de estudio serio en la filosofía. Ya no se le considera algo totalmente descabellado. En términos del origen de la vida, por poner un ejemplo de retrocausalidad,  es como si dijéramos que la aparición y la evolución de la vida, como la entendemos, es lo que predeterminó la aparición de la materia, su creciente complejidad, la formación de estrellas y planetas y todo lo demás. Ya se sabía que la vida surgiría, y había que diseñar los procesos por los que eso sucedería.

Yendo un paso más allá, podríamos cuestionar en su totalidad el concepto del tiempo mismo, pero eso es tema para un futuro o para el pasado, si me captan la ironía.

Pero volvamos al tema de cómo mis preconcepciones, o mejor dicho, la historia que me contaron sobre cómo son las cosas en este mundo, limitan mi percepción, me condicionan para ver una realidad y sólo una.

Lo que sentí cuando encontré este escrito sobre la sintropía fue que el mundo no es tan inhóspito e implacable, y no tendemos inexorablemente al caos, a la desorganización y a la pérdida. Existe ese complemento a la entropía, que se llama sintropía, y que la unión o la complementariedad de esos opuestos constituyen un todo con un mayor nivel de organización.(Stebbing, 2016)

Por muy negra que se la historia que te cuentas a ti mismo sobre tu vida, la humanidad, el mundo, puede que estés dejando fuera de la ecuación al menos la mitad de la verdad.

¿Y si nos enfocamos en encontrar, retomar, considerar la otra mitad?

  1. Di Corpo, Ulisse, 2013, The Law of Syntropy, Syntropy Journal, Recuperado de www.syntropy.org
  2. Stebbing, A.R.D., 2016, The Unity of Opposites, and the Second Law of Thermodynamics with a biological outcome, Syntropy Journal 2016(1). Recuperado de www.syntropy.org/journal-english